«La primera riqueza es la salud»
Ralph Waldo Emerson
Si leíste el primer artículo de este blog ya sabes a quiénes está dirigido. Si querés recuperar tu salud y tu bienestar, y sentirte con fuerza y energía para afrontar la vida, tenés que tomar la decisión de invertir tiempo y energía en empezar a cuidar los 4 aspectos o pilares de la salud.
Son todos importantes, como las 4 patas de una mesa: si falta una, la mesa se cae. Sin embargo hay un orden de prioridad. Si querés hacer un cambio radical en tu vida tenés que ir de a poco, ya que si tratás de hacer todo junto te vas a abrumar, vas a abandonar y te vas a frustrar (cómo quizá ya te pasó antes).
Este orden no es caprichoso, sino que tiene una razón de ser: cada cambio en un hábito conduce al siguiente. Empecemos a detallar cada uno de estos pilares:
Pilar 1: El movimiento
El movimiento es vida. Todos los animales necesitan moverse, y nosotros, como miembros del reino animal, no somos la excepción.
Como vimos en el post anterior, hemos evolucionado durante millones de años con la necesidad de movernos para sobrevivir. Pero al mismo tiempo ese movimiento generó adaptaciones en nuestro cuerpo, al punto de que necesitamos movernos para estar sanos, para que nuestro cuerpo pueda cumplir sus funciones vitales con normalidad, para que nuestros músculos y articulaciones se mantengan fuertes y flexibles, y también para que nuestro cerebro funcione correctamente y evitar todo tipo de enfermedades mentales.
En próximos artículos hablaremos de los diferentes tipos de movimientos y cuáles son necesarios para mantener una buena salud general. Por ahora quedate con la idea de moverte lo más posible.
Pilar 2: La alimentación
Nuestra alimentación ha cambiado mucho en las últimas décadas, debido principalmente a la industrialización, que si bien trajo muchos beneficios en el sentido de la producción masiva y la conservación de los alimentos, también generó nuevos problemas en la salud de la población.
Esto es debido a la aparición de los alimentos ultraprocesados, basados principalmente en harinas refinadas, azúcares y químicos (como conservantes, colorantes y saborizantes), a los que nuestro organismo no está adaptado (recordemos que las adaptaciones llevan en general miles o incluso millones de años).
Por ello cuando hablamos de alimentación lo más importante no es tanto qué SÍ comer, sino más bien qué NO comer.
Debemos eliminar en lo posible los alimentos procesados de nuestra dieta. ¿Cómo identificarlos? Simple: es todo lo que no encontramos en la naturaleza en ese estado (postres, galletas, pastas, pan, harina, azúcar, etc).
Entiendo que sea difícil para alguien que está acostumbrado a comer estos alimentos dejar de hacerlo, pero creeme que si lo hacés (aunque sea de a poco) vas a notar una mejora en tu cuerpo y en tu mente impresionante, así como en tus niveles de energía.
Entonces qué SÍ comer? Todo lo que está en la naturaleza: verduras, frutas, huevos, carnes no procesadas, pescado, frutos secos, arroz, avena, etc.
Solamente tenés que ir reemplazando unos alimentos por otros y nunca más vas a necesitar hacer ninguna dieta.
Pilar 3: El descanso
Mientras dormimos nuestro cuerpo se repara y se regenera, y nuestro cerebro asimila los conceptos aprendidos durante el día.
El descanso es fundamental para la recuperación de nuestros tejidos (músculos, órganos, huesos) y de nuestra mente. Incluso es beneficioso para la pérdida de grasa y la ganancia de masa muscular en aquellos que hacen ejercicio.
Por todo esto es vital que descanses bien por la noche. Y digo «por la noche» porque no es lo mismo dormir de día que de noche. Todos tenemos un especie de reloj interno llamado «ritmo circadiano«, que regula el sueño y la calidad del mismo, a través de una hormona llamada melatonina. Si nos acostamos y nos levantamos tarde esta hormona se desregula, perjudicando la calidad del sueño.
Es importante dormir profundamente (calidad del sueño) durante entre 7 y 9 horas (cantidad). Para lograr esto te recomiendo no mirar pantallas antes de ir a dormir (televisión y celular), porque interfieren con la producción de la melatonina, no comer tarde, ya que la digestión perjudica la calidad del sueño, dormir en total oscuridad y no tomar café por la noche.
Pilar 4: La gestión del estrés
Podría decir sin temor a equivocarme que el estrés es otra epidemia de la modernidad. El ritmo frenético al que nos somete la vida actual pone a nuestros cuerpos y nuestras mentes en un estado antinatural, que nos mantiene en alerta y tensión contínua.
Durante nuestra evolución esto no era así. Las oportunidades de caza o los peligros inminentes se daban en determinados momentos, en los que el cuerpo liberaba adrenalina y se preparaba para atacar o huir. Pero después volvía al estado normal.
El ser humano moderno se caracteriza por vivir en un estado intermedio permanente, en el que nunca está ni relajado ni hiper-activado, y esto no es bueno para nuestra salud.
Nuestra naturaleza necesita períodos de acción vigorosos y de tranquilidad, por eso es muy importante que aprendamos a controlar el estrés.
El estrés crónico eleva una hormona llamada cortisol, que hace que perdamos masa muscular y ganemos grasa. Al mismo tiempo reduce el riego sanguíneo al cerebro, lo que perjudica nuestras funciones cognitivas y aumenta el riesgo de padecer enfermedades mentales.
Una buena manera de controlar el estrés es no estar en «modo reactivo» ante la vida, sino «proactivo». Esto significa no correr detrás de todo lo que se nos cruza por el camino, sino decidir de antemano qué vamos a hacer en el día, es decir, organizarnos.
Aprender a organizar tu día de antemano puede ser una de las mejores cosas que podés hacer por tu salud.
También es importante encontrar momentos (y si no los encontrás crealos) para parar a reflexionar, o simplemente no hacer nada. Son momentos para vos, en los que bajás la velocidad y te serenás. Esto es vital para el equilibrio del que hablábamos.